A punto de cumplir un siglo, Agustín López mantiene nítido el recuerdo de su paso por cuatro campos de concentración del franquismo. Acababa de terminar la Guerra Civil cuando le llevaron al primero de ellos. Tenía 18 años. «Todo el que tenía padres de izquierdas iba a un batallón de trabajadores». Más de 700.000 prisioneros pasaron por estos centros, casi 300 según la investigación de Carlos Hernández, autor del libro Los campos de concentración de Franco.

Los internos eran sometidos a trabajos forzosos y adoctrinamiento en condiciones extremadamente precarias. «Pasábamos mucha hambre, mucha. Y frío, mucho frío. Había a quien le salían sabañones y a alguno le entraba gangrena», explica. En muchos casos se instalaron en lugares improvisados. Funcionaron hasta finales de los años 40.

Querellas por los crímenes del franquismo

Asociaciones de víctimas han intentado en numerosas ocasiones llevar a los tribunales los crímenes del franquismo pero ninguna denuncia ha llegado a juicio en España. Las razones son fundamentalmente que los tribunales consideran los delitos prescritos y que La ley de amnistía aprobada por amplia mayoría en el Congreso en 1977 sigue vigente. La ONU ha instado en varias ocasiones a España a derogarla. Varias asociaciones coordinadas por CEAQUA presentaron en 2010 en Argentina una querella que está investigando la jueza María Romilda Servini. Incluye un apartado especial de crímenes cometidos contra mujeres durante la dictadura.

“Me puso una pistola en la cabeza, quitó el seguro y me dijo: o firmas, o es lo último que haces“

En España, al menos una decena de ayuntamientos han presentado querellas con casos de víctimas y pidiendo que se consideren delitos de lesa humanidad, que no prescriben. Solo la del ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid (Madrid) ha sido admitida a trámite. Incluye el caso de Lucio de la Nava. El 8 de septiembre de 1962 a las 4 de la madrugada fue detenido y trasladado a la Dirección General de Seguridad, en la puerta del Sol de Madrid, hoy sede del gobierno regional.

«La conocíamos como la casa del terror» nos cuenta. En una época en la que la dictadura reprimía con mano dura cualquier movimiento social o sindical que reclamara más derechos y libertades, Lucio se había reunido clandestinamente. Durante 8 días sufrió brutales palizas hasta que firmó la confesión que sus torturadores le pidieron. «Me puso una pistola en la cabeza, la montó, quitó el seguro y me dijo: o firmas, o es lo último que haces en tu vida y me derrumbé». Fue sometido a un consejo de guerra, su abogado pidió perdón al tribunal por tener que defenderlo, lo condenaron por rebelión y pasó dos años en la cárcel.

Lucio ha recibido una declaración de reparación y reconocimiento personal, un derecho de las víctimas del franquismo recogido en la Ley de Memoria Histórica aprobada en 2007. Hasta el momento se han entregado 2872.

La exhumación de fosas

Emilio Silva había escuchado mil veces la historia de su abuelo republicano fusilado junto a otros 12 hombres en una cuneta en El Bierzo. Descubrió casi por casualidad el lugar exacto de la cuneta donde estaban enterrados. En octubre del año 2000, un grupo de amigos arqueólogos y el forense Francisco Etxeberría le ayudaron a exhumarlos. La de su abuelo fue la primera identificación científica.

Silva siguió ayudando a hacer otras exhumaciones y fundó la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Casi 20 años después, sigue reivindicando «​que sea el Estado el que atienda a las familias y se encargue de buscar a las personas desaparecidas, identificarlas y entregarlas identificadas a sus seres queridos y que no sean voluntarios que dedican sus vacaciones a ayudarnos».

El último mapa elaborado por la dirección de Memoria Histórica que depende del Ministerio de Justicia marca 2.500 fosas. Se han exhumado casi 900. La mayoría, según Silva, con financiación privada.  (BEATRIZ MARTÍN)

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