Hablar de oído fuera de toda referencia fundamentada al amparo del crédito que ofrece la creencia personal en función del entendimiento Inoculado, es oficio demasiado extendido en esta patria de las dos Españas que sigue siendo.
Nos creímos que más de 40 años de democracia serían suficientes para mitigar un patriotismo cateto en el que los débiles defienden las aspiraciones del señorito enfrentándose al semejante bajo supuestos de la nada. Supuestos en donde arrogarse para sí mismos la rabia, la insensatez y valor de la actitud hostil como estructura de identidad y un sentido beligerante en el ejercicio de la defensa del valor como nación.

Ante este panorama, de nada hubiera servido hablar de oído y justificar determinadas opiniones en el soporte de las conjeturas y opiniones personales sustentadas en creencias. De ahí que ante la pertinaz oleada de banderas nacionales en mascarillas, pulseras y relojes complementando la indumentaria de tenderos, repartidores, trabajadores y trabajadoras de toda actividad, se me ocurriera, no sé si la feliz idea de preguntar…

Pregunte por qué, qué significación atribuían llevar de forma visible y ostensible, casi, como un arma arrojadiza la bandera de España. Las respuestas no dejaban lugar a dudas “… Es que soy español (…), Para que se enteren (…)” fueron algunas de las respuestas ofrecidas así como otras cuya reproducción resultaría bochornosa. Sí, yo tampoco llegué a hilar un mínimo de sentido ni lógica en los argumentos. No hubo una sola persona capaz de ofrecer un razonamiento elaborado en lo más elemental. Claro, que no son pocos los medios que, a través de la cabalgadura incuestionable de la llamada posverdad, campan en terreno abonado para la divulgación de elementos de conveniencia, torticeros e incluso faltos de ética en oposición a la verdad o realidad que se vive.

Pregunté más… Intención de voto… Catástrofe. Vox y PP Acumulaban el mayor número de intenciones. Seguí preguntando. Pregunté sobre sanidad pública, educación, prestaciones, políticas sociales… Todas las respuestas fueron articulados a favor de estos aspectos ( con matices de propiedad para “españoles“) y por supuesto dependientes de los impuestos. Indiqué algunos aspectos recogidos en los programas de los partidos a los que los entrevistados votarían; en qué basan su fórmula de estado (privatizado y ley del más fuerte) y en qué modo también basan su propuesta de país a quienes devalúan, insultan, acosan y sirven de diana (léase Podemos de manera especial). Cierto enojo y alguna que otra mueca de desaprobación se dejaba ver en sus rostros. El orgullo es más poderoso que la verdad y ante el atoramiento, ¡oh, sorpresa!! quedó nombrada la unidad de España. Maravilloso.

En un intento de pirueta, decidí preguntar a dos miembros de los cuerpos y seguridad del estado y un militar en activo. Las respuestas no fueron más elocuentes…con un punto de diferencia… no supieron responder ante una hipotética privatización de sus competencias; privatización de ejército y policías… funcionarios públicos que trabajan para la “patria” y que sólo ellos parece ser que encarnan… la defensa sobre la enfermedad, la defensa contra la ignorancia, la justicia…no tienen, parece, la dignidad castrense con la que arrogarse todo el fundamentalísimo patrio.

Triste cantar que cantamos… decía Rosalía de Castro. Contra este fenómeno es imposible y muy complicado luchar. Igual hay que agregar el apelativo de ejército a los sanitarios, los educadores… que toda esta gente de patriotismo cateto significado en la beligerancia supere los complejos y los valores patrios que defienden bajo perspectiva y titularidad de las administraciones públicas. Por cierto en cuanto a los salarios y precariedad laboral, ninguno culpabilizó a los empresarios; esos que, casualidad o no, nunca se quejan de la llegada de migrantes. Empresarios cercanos incluso a nuestra propia ciudad de Rivas que pagan en negro después de la pandemia para no perder las ayudas. Ninguno tampoco fue capaz de argumentar ante la evidencia que, por primera vez autónomos y otros trabajadores hayan podido seguir viviendo gracias a las decisiones de un Gobierno de coalición. Triste cantar que cantamos… triste esta época de pos verdad, porque la euforia que logra infundir los conspiranoicos y propietarios de lo patrio sobre las mentes sin capacidad de discernimiento es el detonante para hacerles creer la pertenencia a algo a los que nunca han pertenecido a nada. Esa euforia que se torna en lealtad infundada, habitualmente, cimentada en la agresividad, falta de palabra y acoso sobre quien ve el estado como un lugar común. Triste….

También te puede interesar