Ha caído sobre nosotros un manto de indiferencia. En tiempos anteriores vivíamos de forma más sostenida la tensión solidaria, las causas compartidas, la lucha colectiva esforzada y alegre. Hoy día las excepciones al individualismo egoísta son abundantes y significativas, pero predomina una tónica egocéntrica y burguesa con derivaciones materialistas y de consumo desbocado. Las grandes fechas y hechos solidarios nos redimen parcialmente de nuestra mediocridad y rutina, así como el ejercicio cotidiano de la solidaridad vecinal y ciudadana. Todo ello aporta un nivel de sentido y dignidad a nuestra convivencia.

Las organizaciones humanitarias crecen y se profundizan, y las actitudes derivadas de la empatía social se mantienen aunque con grandes dificultades. Aún es demasiado amplio  mapa de la miseria, la geografía de la violencia y del hambre. Perviven y predominan los patrones burgueses de vida y de organización social, los valores nocivos del capitalismo.

La penuria del nivel de solidaridad se combate con el ejercicio del valor de la confianza en sus diversas expresiones. La confianza en nosotros mismos como práctica de humilde y potente autoestima. La confianza en los demás entendida en su dimensión de fraternidad, generosidad y cercanía. Y la confianza en la realidad en su sentido más global y profundo, con toda su carga de aspereza y su dinamismo de belleza y esperanza.

Para los creyentes la confianza en Dios posee su entidad y su perfil inserto en la vida.

Estas diversas expresiones de la confianza ofrecen una dimensión estructural y a la vez dinámica y operativa, constituyen un proceso. La confianza nos hace crecer y madurar, rellena los vacíos de nuestra personalidad, nos libera de la indiferencia inerte, de la inacción y de la irracionalidad.

También la confianza nos conduce a la resistencia y a la resiliencia, que es una variante peculiar de aquella y que nos aporta el beneficio de salir fortalecidos de una situación adversa que nos sobreviene y contra la que luchamos.

Pero hay que asumir primero toda la densidad y el dinamismo de la resistencia en su vertiente reflexiva, ciudadana y política como práctica colectiva generalizada. Y también como riqueza personal largamente madurada en muchos y diversos escenarios y que nos estimula a vivir la confianza y gracias a ella combatir la indiferencia.

  Santiago S. Torrado

BELLEZA

¿Qué es la belleza? El aliento de sencillez y de transparencia que emana de algunas personas, el color del atardecer, el rostro de la bondad y la mansedumbre, las luces que la vida nos ofrece, el remedio contra la sordidez espesa de las cosas…