Lo que diferencia a unos partidos políticos de otros es, entre aquellos que pretenden la perpetuación de la desigualdad entre ricos y pobres, que defienden la supremacía y el engordamiento de los primeros, y los otros partidos que persiguen la distribución de la riqueza, el sostenimiento del planeta y los derechos de todas las personas por igual.

Estas son las diferencias fundamentales y el objetivo único y universal entre los partidos que se definen de izquierdas, es el anteriormente planteado. Por tanto, ninguna otra diferencia puede justificar el que los partidos que defienden la igualdad y el bien común no aúnen sus fuerzas para conseguir eso que les define y representa a todas quienes les votan.

Las derechas practican un pensamiento uniformado, que responde unánimemente a una voz de mando a la que todos reconocen como autoridad. No es igual en las formaciones de izquierdas, donde se practica un cierto pensamiento individual, crítico y creativo. Esto que suena bien y que enriquece tanto a las personas como al conjunto de los partidos, lleva en muchas ocasiones a que algunos individuos o grupos de personas difieran, desde su libertad de pensamiento, con las direcciones de los partidos en los que militan, y que les lleve a desgajarse de su matriz para constituir una nueva formación política. De ahí la segregación continua de casi todos los partidos de la izquierda en general.

Tampoco es intrínsecamente malo el que las izquierdas estén divididas y se atomicen en grupos cada vez más pequeños, pretendiendo una identificación más afín con determinados matices específicos de ese pensamiento y objetivos comunes, dentro del otro más global que define a las izquierdas.

No sería malo, si los distintos grupos de izquierdas fuéramos capaces de ponernos de acuerdo, aunque solo fuera puntualmente, para lograr juntos la consecución de objetivos comunes a corto y medio plazo. Ya hemos concluido que el objetivo a largo plazo si es universal.

Ejemplos concretos nos los van a ofrecer las elecciones locales y autonómicas que se aproximan en menos de cinco meses. Mediante la agrupación de colectivos sociales y formaciones políticas, la izquierda consiguió la alcaldía del ayuntamiento de Madrid y no consiguió la presidencia de la Comunidad de Madrid, porque no concretó la misma estrategia. Como sí ha sabido hacerlo con la presidencia del gobierno de la nación.

Los votos que acumulan los partidos de las izquierdas en Madrid suman mayoría, parece evidente. Sabido que esto es así, sería imperdonable para los distintos grupos, plataformas, partidos, etc., que no sumen esfuerzos para volver a ganar tanto la alcaldía como la presidencia de Madrid.

El Partido Popular en el Ayuntamiento y en la Comunidad de Madrid durante tantos años, ha hecho estragos: privatización de la sanidad y la educación pública, venta de todo el patrimonio de vivienda social y otros, privatización del Canal de Isabel II, corrupción y más corrupción (la mayoría de sus dirigentes investigados, imputados o en la cárcel), etc. En una sola legislatura, una alcaldesa de izquierdas, Manuela Carmena, ha sido capaz de revertir gran parte de esas políticas de despilfarro, pillaje y antisociales. El gobierno de la capital ha reducido la deuda pública a menos de la mitad.

La incapacidad de los partidos de izquierdas para ponerse de acuerdo y presentarse en una candidatura común supone, no solo una gran pérdida de votos por los restos de cada una de las listas, sino lo que es más importante, el desánimo de los electores de izquierda, que ante la diversidad de opciones cuyas diferencias no comprenden y la mala imagen de ni siquiera ser capaces de ponerse de acuerdo, toman la decisión de quedarse en casa y no votar.

Siendo plenamente conscientes los partidos de izquierda, de que ganar las elecciones en Madrid, en muchas localidades de la Comunidad y en la  Comunidad de Madrid misma es relativamente fácil, si no se esfuerzan siendo su responsabilidad y obligación, lo que conseguirán es que sus electores nunca se lo perdonen, así como que les califiquen de ineptos e incapaces, y con razón…

JuanM del Castillo