Cristina Cifuentes ha tardado más de un mes en renunciar como presidenta de la Comunidad de Madrid, que no de su escaño como diputada en la Asamblea regional. Una dimisión que llega tarde. Lo ocurrido en la Comunidad de Madrid en este tiempo es muy grave. Llevamos más de un mes asistiendo a un espectáculo bochornoso donde se ha puesto en cuestión la reputación y el descrédito de la universidad pública Rey Juan Carlos (URJC) por parte de quienes han detentado el poder durante 25 años en el Gobierno autonómico pensando que las instituciones públicas son de su propiedad.  La cuestión no es que se haya falseado un título, lo que resulta más indignante es el daño provocado a los y las miles de estudiantes de la URJC, muchos y muchas jóvenes ripenses lo son, que sienten cómo su esfuerzo personal y económico ha sido degradado. Siempre los que nada tienen han de esforzarse y los que tienen mucho, no.

Cifuentes se va dejando un gobierno bloqueado –desde que saltase el escándalo del máster- y a toda una Comunidad de Madrid paralizada. Y se va sin dar respuesta a las necesidades de los y las vecinas ripenses: las especialidades médicas prometidas cuando se abrió el tercer centro de salud 1º de Mayo en 2013 siguen paralizadas a pesar de las numerosas peticiones y reuniones desde el Gobierno local, Rivas sigue teniendo el peor servicio de Metro de toda la región, sin cuarto centro de salud, sin dotar de los equipos informáticos a la Biblioteca Gloria Fuertes –que los tuvo que poner el Ayuntamiento para no demorar más su apertura completa-, sin la construcción de una residencia pública para mayores o la parálisis del Plan Activa para impulsar a los municipios del Eje del Sureste, una de las zonas más descuidadas y maltratadas por el Gobierno autonómico, por poner solo algunos ejemplos.

Cifuentes se ha ido de la presidencia -y le deseo la mejor de las suertes en lo personal-, pero no el PP ni las prácticas abusivas de su partido en la Comunidad de Madrid. Tal y como aprobamos en el último Pleno municipal de abril, ahora no sólo toca recuperar el prestigio de la universidad y del conjunto de su comunidad educativa para garantizar el acceso a la enseñanza pública a todas y todos en igualdad de condiciones, sino también es el momento impulsar medidas de regeneración democrática para recuperar los principios democráticos que deben regir en la sede parlamentaria de todos y todas las madrileñas. De nada sirve cambiar un rostro por otro, si las políticas son las mismas. Es el momento de poner las instituciones a favor del interés general y las mayorías sociales, es el momento de cambiar la correlación de fuerzas en la Puerta del Sol tras más de dos décadas de políticas que solo han hecho que favorecer a unos pocos y convertir en un negocio los servicios públicos, como la educación, la sanidad o el agua. No es momento de que los grupos parlamentarios se pongan de perfil porque quien lo haga será cómplice de continuar con el mismo proyecto político que nos ha llevado a este esperpéntico espectáculo. Los y las madrileñas nos merecemos un gobierno alternativo y Rivas también.