Un movimiento de masas recorre el mundo removiendo las conciencias de enormes capas de lapoblación. Es, sin duda, un punto de inflexión, que la historia recordará como el momento en el queel ecologismo dio un salto social, de ser minoritario a ser masivo. Hoy sabemos que parte de losefectos del cambio climático nos afectarán irremediablemente, pero empezamos a tener la fuerzacolectiva necesaria para cambiar el rumbo y evitar la colisión más dura. Buena parte de esta situación se puede leer como el resultado del neoliberalismo, con sus principiosde beneficio perpetuo. Después de la gran crisis de 2008 y a las puertas de otra crisis, es cada vezmás claro que la dinámica de producción-consumo sólo es una huida hacia delante. Hoy, lastrabajadoras y los trabajadores sabemos que nuestro futuro depende de una transformacióninmediata y radical. Durante esta crisis, los sectores populares se han beneficiado sólo de forma secundaria delcrecimiento material, han sufrido la desigualdad y son los primeros objetivos de los recortes quellegan en fase de crisis. Y aunque es cierto que las emisiones y el impacto ecológico de lastrabajadoras es muy alto, lo cierto es que ese impacto no es decisión de las personas de clasespopulares: un trabajador o una trabajadora que vive en el extrarradio de las grandes ciudades ytrabaja a decenas de kilómetros de su casa no decide tener un coche privado para desplazarse. Sonlos grandes desarrollos urbanísticos del capital los que imponen esa forma de vida. Las decenas demiles de trabajadoras y trabajadores de la automoción no eligen producir elementos contaminantes.Las bases de la sociedad no pueden ni deben cargar con las responsabilidades de las élites.Todo esto nos pone ante una situación en la que tenemos todos los elementos para rebelarnos. Hay dos razones de enorme peso para acometer esta tarea: primero, que la relación de las sociedades conla naturaleza tiene que cambiar drásticamente y esto sólo se puede hacerse reformulando laorganización colectiva del trabajo; segundo, que sólo una masa social mayoritaria, la de quienesviven del trabajo, puede llevar a cabo ese cambio. El empleo es el centro de la relación de lassociedades con el medioambiente. Las jóvenes impulsan esta movilización y lo hacen porque son la primera generación que seencuentra un panorama como el que describimos desde su llegada al mundo. Para ellas, la crisis noes de «nuestros nietos» ni de «nuestros hijos»: es su crisis, su futuro de desempleo y precariedad, dedesastres climáticos, de carestías. A ellas nos dirigimos para responder al llamamiento que hacen alresto de sectores sociales. No se trata de una convocatoria genérica, insistimos: es la única vía para formar un sujeto colectivomayoritario y con la consistencia suficiente para impulsar la transformación que requerimos. No esuna tarea fácil, en la medida en que supone enfrentar algunas de las contradicciones históricas queafectan al mundo del trabajo. Pero es una tarea esencial e impostergable. Con la intención de queimaginemos en común (y desde nuestras experiencias concretas en el ámbito laboral) cómo generaruna conciencia ecológica de las clases trabajadoras, nos vemos este lunes 28 de octubre, a las18.00h, en La Villana de Vallekas.

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