A principios de enero, una compañera de trabajo, Emma León, descubrió una egagrópila de “Gran Duque” o Búho real (Bubo bubo) junto a los edificios rurales en donde trabajamos (Soto de Aldovea, en San Fernando de Henares y Torrejón de Ardoz). Pensábamos hacer una investigación de los huesecillos que contiene para ver cuales habían sido sus presas, aunque nos daba un poco de pena destrozarla para ese estudio, ya que se puede utilizar para algunas actividades de Educación ambiental. Unos días después, Emma dijo que fuese a ver el lugar exacto donde estaba y descubrió de nuevo otros dos trozos que se habían desprendido y en uno de ellos se encontraba, bien visible, parte de la mandíbula superior de su presa.

Aunque ya habíamos comentado que los huesos aparentaban ser de conejo, no los investigamos a fondo, pero al ver esta parte tan característica del esqueleto, me puse a la faena de mirarlo con detenimiento —en plan “CSI a la española”— y no hay duda: se trata de un conejo, acaso no muy grande, posiblemente una cría.

Eso confirma lo que todos sabemos de sobra: como en muchas otras partes de la península Ibérica, y también cómo no en nuestros municipios: Rivas-Vaciamadrid, Arganda del Rey y ayuntamientos circundantes, este lagomorfo es básico para la alimentación de muchos depredadores, en este caso el gran búho.

En la composición fotográfica de la mentada egagrópila he añadido la imagen de la rapaz nocturna que, en este caso, ha sido cedida amablemente por mi amigo el naturalista y gran fotógrafo Javier Garrido Agenjo (corresponde a un magnífico ejemplar de San Fernando de Henares, fue tomada el 28 de marzo de 2016).

José Ignacio López-Colón